HAY
ESPERAS QUE SON TERRIBLES.
PRÓXIMO TREN: 4 MINUTOS.
4 MINUTOS
4
MINUTOS
No puedo esperar tanto. No quiero esperar tanto. Porque toda espera me resulta
terrible sin batería en el celular. 4 minutos. Cómo hago para evadirme sin un otro,
sin un artefacto. Qué hago conmigo y con
esta extraña que respira agitada adentro de mi cuerpo. Llega el subte. Se abre
la puerta. Empujones. Amontonamiento. Agorafobia. Se cierra la puerta.
Claustrofobia. Contacto visual con desconocidos. Yo y mi metro 55 entre dos mastodontes con
olor a chivo. Calor humano no deseado. Fobia social. Principio de ataque de
pánico. Pánico.
Hay esperas que son terribles
Esperar que me respondas. Quiero que me respondas. Necesito que me respondas.
Estas en línea y no me estas brindando una respuesta. Que mierda haces que no
me estas brindando una respuesta. Yo quiero una respuesta, no una espera.
Porque toda espera me resulta terrible.
Esperar que me pase algo
Cualquier cosa
Emocionante
Esperar que me pase algo, cualquier cosa, emocionante, en mi alienada vida de
empleada de comercio devenida en artista.
Estoy alienada
alienada
alien hada
alien hada
Esperar ser abducida por un alien hada y que me lleve en su nave espacial a un
planeta desconocido en el cual su flora predominante sean arboledas interminables
de cannabbis y no exista el maldito concepto del tiempo.
Porque lo que me resulta terrible de la espera, es sentir el paso del tiempo
lacerándome la piel, escarbándome en las heridas abiertas.
La espera maneja el mismo nivel de crueldad que el silencio.
La espera maneja el mismo nivel de crueldad que la soledad.
Cuando se funden la espera el silencio y la soledad sucede en mi como una pausa
en la que me enfrento al más temido de mis fantasmas: mi consciencia.
Me sumergo en un limbo interior en el que el crujir de dientes de mis horas muertas
suena como una percusión macabra que se hace cada vez más nítida. Mis horas
muertas. Mis horas zombis. Horas que me dejé saquear impunemente por ladrones
de guante blanco que se hacen llamar empleadores. Yo no sé muy bien que es esto
del tiempo, no sé muy bien que es esto de las horas, pero en cada una que me
roban yo puedo sentir como si se llevaran un pedacito de mi, puedo sentir como
si se perdieran partículas indivisibles de mi esencia que se va destiñendo a
medida que el sistema me chupa con su boca gigante de fiera con dientes filosos
y aliento pestilente.
Soy una alienada. Pero no cualquier alienada. Soy una alienada consciente.
Ahora que está de moda lo consciente. Cada vez que la angustia me empieza a
subir por el cuerpo yo siento como si se me abrieran más los ojos como si se me
despertara un sexto sentido. Porque la angustia puede ser una forma elevada de
lucidez. Soy una alienada y sufro lo mismo que respiro. Pero igual no me
arrepiento. Porque nadie nunca jamás de los jamases ha hecho una revolución
desde su zona de confort.
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sábado, 29 de septiembre de 2018
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