Mis
amigos se fueron , me quedé sola en una fiesta
cosmopolita en un hostel de San Telmo, donde no podías dar dos pasos sin
que te conviden algo. Me senté sola en un banquito del patio pretendiendo que
baje un poco el alcohol respirando un aire no tan cargado de humo. Esperaba a
alguien que llegaría en media hora,
alguien a quien no tenía tantas ganas de ver, pero estaba borracha. Y
sola. El sexo como forma primaria de evasión.
Siempre me inhibió mirar fijo a los
ojos de un desconocido, menoscabo tanto semejante acto de entrega. Pero apenas
te vi surgir en el umbral de esa puerta con un vaso de cerveza en la mano
necesité hacerte saber de alguna manera que mi vagina se estaba mojando. Nos
miramos con una intensidad inusitada que debió advertirme a rugidos que salga
corriendo de ese lugar. Pero ya era muy tarde, estaba embelesada por tu camisa
y tu esbeltez. Parecías salido de un
videoclip de los 80 y no pude contra eso. Tu aire desenfadado y lento tan
disonante con la noche, me recorrió las mejillas tiñéndolas de un rosa oscuro.
Te sentaste al lado mío aprovechando que estaba sola, borracha y vestida de
rojo y creamos una conversación de la que sólo recuerdo fragmentos. Pero si me
acuerdo nítidamente de la forma en que tus labios se movían diseñando imágenes
acústicas. Entendí que venías de lejos a Buenos Aires a hacer música. Entendí
que venías de lejos. Entendí que venías escapando. Tu belleza no era en vano.
Tu belleza era tormentosa y ya te estaba sufriendo a los dos minutos de
conversación. Pero estoy esperando a un amigo.
Lo dije tratando de hacerte entender con algún gesto incierto que mi
noche ya estaba escrita. Intercambiamos números, porque los dos entendimos. Me
parece que no viene tu amigo. Sí, está viniendo, puedo ver su cara
desplazándose por un mapa en mi celular, mirá. Aunque moriría de ganas de
encerrarme en un cuarto cualquiera con vos y simplemente contemplarte, charlar,
o cojernos hasta deshidratarnos, lo que suceda primero.
Pero mi noche ya estaba escrita y cuándo me decidí a tomar la decisión correcta
ya estabas desapareciendo por el mismo umbral donde te vi surgir. Hasta tu
espalda me fascina, si el diablo quisiera ascender a la tierra, seguro elegiría
encarnar en tu cuerpo.
La noche avanzó y las sustancias también, pero todo lo que hice en esa noche lo
hice para vos. Podía sentir tu mirada clavándose en mi cola cada vez que bajaba
al piso al ritmo de la música, podía sentir tu mano en mi cintura cada vez que
el chongo me tocaba haciendo algún comentario sobre mi delgadez, era tu lengua
la que me besaba era tu semen el que me tragaba.
La mañana me sorprendió lejos de casa y asqueada de amanecer con un cuerpo al
que no hubiese dejado poseerme en estado de sobriedad. A medida que me
despertaba más te recordaba y no paraba de insultarme por no haberme ido con
vos.
Esa misma noche nos vimos, otra vez. Tu
habitación tenía una atmósfera tan tenue y densa a la vez, un escenario óptimo
para la tragedia. Recién te mudabas pero los dos nos sentíamos tan
familiarizados con los espacios vacíos.
Aguantamos sólo unos tragos de vino para devorarnos. Probablemente éste
sea el mejor sexo que tenga en mi vida pensaba mientras trataba de asimilar tu
multiorgasmicidad. Tu cuerpo era un lienzo perfecto para bocetar líneas
eróticas. Mi cuerpo era un lienzo perfecto para tomar cocaína. Esa noche podría
haber muerto de sobredosis. Pero a vos pareció no importante demasiado. Tenías la idea del suicido más hecha carne
que yo. Qué podía esperar.
Nos vimos un par de veces más. Nos seguimos drogando. Te gustaban mis poemas.
Me gustaba escucharte cantar. Nos gustaba escucharnos. Nos gustábamos. Pero
juntos estábamos condenados a
desaparecer. Una ridícula idea de
abrazar la vida y la existencia me hizo alejarme de vos. Pero había tanta
verdad en tu soledad, en tu dolor, en tu belleza. Había tanta verdad. Y lo digo
yo, que no creo en nadie.
Ya pasó casi un año, todavía no entiendo como este invierno no me mató. A veces
te extraño. A veces extraño el sabor amargo bajando por mi garganta. El de tu
semen y el de la merca. A veces te extraño y pienso que lo correcto hubiera
sido tomar un atajo al infinito con vos.
mi universo:
abandono
(6)
amor
(6)
arte
(3)
boca
(10)
carne
(2)
corazón
(2)
cuerpo
(27)
dolor
(13)
erotismo
(28)
flores
(4)
fondo
(4)
fuego
(6)
infancia
(4)
lluvia
(4)
manos
(7)
masturbación
(1)
micropoema
(29)
muerte
(10)
música
(4)
noche
(17)
ojos
(3)
oscuridad
(3)
poema
(3)
poesía
(4)
silencio
(8)
sol
(6)
soledad
(13)
suelo
(2)
vacío
(2)
vino
(3)
Mostrando entradas con la etiqueta drogas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta drogas. Mostrar todas las entradas
domingo, 11 de agosto de 2019
Suscribirse a:
Entradas (Atom)