Residuos de una infancia
abarrotada de quiméricas pretensiones
se dejan entrever
en esta humorada recurrente
de sentirme pájaro volando contra el viento;
sangrándome las alas,
desarmándome el dolor
pero nunca complaciente
a la frivolidad de mis congéneres.
Soy el ave de carroña,
construiré un laberinto con sus osamentas
y allí me quedaré asentada para siempre
ebria de misantropía.
que puedo decir, aparte de que me gusto.
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